…me brotó decirte que te amo profundamente. Y agregar que adoro tus ojitos verdes, que cuando me mirás amenazadoramente me resulta imposible recatarme, porque lo único que puedo pensar es en sonreír y sugerirte con voz profunda: “¡sí, pegáme y llamáme Marta! Otra cosa que me encanta es tu largo pelo negro. El muy turro en un principio intentó ahogarme y enredarme entre sus hebras, la verdad es que se portó como todo un guardián. Pero ya me ha dejado entrar y ahora sólo me hace alguna que otra cosquilla en la nariz. Es hermoso cuando está suelto, te hace parecer una guerrera amazona, pero me gusta mucho más cuando está recogido y deja al aire tu irresistible cuello. Mmm…esa parte de tu cuerpo es la tentación pura para mis labios, ellos sólo quieren besarlo con adoración. Y ni hablar del lugar justo donde se juntan el hombro y el susodicho cuello, ese escondrijo es droga para mis labios. Me pone toda blandita y tonta cuando sos dulce y mimosa, me dan ganas de abrazarte fuerte y no soltarte más. Decir que quisiera bajar corriendo de una montaña al grito de Jerónimo, es demasiado, ¿no? * El tenerte abrazada cuando bailamos en tu cuarto tarareando Strangers in the night, es hermoso, pero hacerlo en el campo bajo la luz de la luna y con las estrellas espiando, es insuperable. Para ir terminando (así me dedico a trabajar…), te diré que tus piecitos son sexys y que ese huequito que se forma entre tu labio inferior y la barbilla fue hecho para mi labios. ¿Te dije que te quiero?
...al día siguiente...
No recordás si fue tras desayunar o después de almorzar cuando tu vieja, con cara de circunstancia te dijo que no te fueras, “que querían hablar con vos”. Oh-oh. Tanto ella como tu viejo estaban sentados a la mesa y no parecían muy amistosos que digamos. Pero bueno, nunca creíste que fuera a ser fácil... ¿o sí?
Empezaron preguntándote cómo la habías conocido, cosa que ya sabían, pero respondiste obedientemente que por internet. Sabías sin lugar a dudas que el ataque vendría por ese lado, mejor dicho, empezaría por ese lado. Te preguntaron cómo podías estar tan segura de estar enamorada. “Porque sí, si no estuviera segura no es habría dicho nada”. Quisieron saber desde cuando la conocías, respondiste que personalmente desde fines de enero y virtualmente desde fines de diciembre. Ahí abrió la boca tu viejo para darte una estocada: “Fuiste a Buenos Aires para confirmar que te gustaba. No la conocías, no sabías dónde te metías, sin embargo fuiste igual y te encamaste”. Ese sería un excelente momento para desaparecer. “No entiendo, Erica, siempre fuiste tan inteligente...y ahora salís con esto”, el tono era de enojo. Después le tocó el turno a tu vieja.
“La verdad es que te imagino con otra mujer y me das asco”, escupió. “Ayer estaba tranquila porque me tomé un tranquilizante después de hablar con vos, pero anoche no pude dormir, la cabeza no me paraba, siento que me va a explotar. No sé si voy a poder superar esto, no sé”. La posibilidad de que le pasara algo te asustó y te llenó de culpa. Te pusiste a llorar.
“Se los conté tan rápido porque no quería mentirles, no quise dejar pasar más tiempo para que no sintieran que les había tomado el pelo. No les pido que entiendan, no les exijo nada, sólo les cuento lo que me pasa. Sé cómo piensan sobre el tema y no les pedí en ningún momento que lo hagan de otra forma”. Tu madre volvió a tomar el guante: “Sí, sabés lo que pensamos, y vos pensás igual. ¿Y ahora venís con que te gusta una mujer?”, otra vez la cara de asco.
Suspirando les dijiste que era verdad, antes pensabas como ellos, pero que desde hacía unos dos o tres años atrás leíste y averiguaste sobre el tema (en blogs y otros lugares) y, poco a poco, fuiste cambiando de opinión (aunque ni por asomo te considerabas lesbiana). Te diste cuenta que antes eras una ignorante, pero eso no se los dijiste, no era el momento, y la verdad no hacía falta, no te interesaba convencerlos de nada. “A nosotros nunca nos dijiste que habías cambiado de ideas”. Cuando replicaste que en las charlas con tu viejo dejaste entrever un cambio en tu forma de pensar, ellos lo negaron. No discutiste, sería en vano. Te siguieron bombardeando desde todos los sectores. "Hacete a la idea, esa mujer nunca va a pisar esta casa", dijo alguien, aunque no recordás quién. En un momento soltaron que tanto tu hermana (17) como tu hermano (25) afirmaron saber que eras lesbiana... ¡Ah, qué bien! ¡Ellos lo sabían y vos no! Y era obvio porque te gustaba el fútbol (tanto verlo como jugarlo). “Eso es una estupidez”, exclamaste indignada.
Ellos siguieron atacando. Pasaban de ser hirientes a dolientes en cuestión de segundos. La culpa te carcomía, no por lo que sentías hacia Si, si no por el dolor que le causabas a tu familia. “¿Qué pensás hacer? ¿Lo vas a decir?”, te preguntó tu vieja. Respondiste que no tenías problema, aunque por ahí no creías necesario decírselo a tus abuelos que ya estaban muy grandes. Tu progenitora volvió al ataque: “Sí, no se lo digamos. Yo a mi mamá la quiero y no quiero que se muera”, nuevamente la mirada de odio. “No les digamos esto porque los matás. Yo tengo ganas de pegarme un tiro. No sé cómo voy a superar esto”. Otra vez culpa se adueñó de vos.
“Sabía que no les iba a resultar fácil así que estuve averiguando por internet de alguna entidad que ayude a padres de gays y lesbianas, y encontré una que suele salir en programas de tv cuando hablan del tema. Si quieren, me comunico con ellos y pregunto si tienen algún psicólogo con el que puedan hablar para que los ayude”. Tu vieja dijo que sí, porque ella sola no iba a poder salir adelante. Te martirizaron durante un tiempo más, prácticamente te acusaron de destruir la familia, antes de dejarte ir. Estabas hecha polvo.
Te sentías culpable, estabas triste y desconsolada. Si te llamó a través del MSN para enterarse de lo que había pasado y te encontró destruida. Te acompañó toda la tarde y casi toda la noche, te consoló, te mimó y secó tus lágrimas con sus palabras. “Mañana viajo”, le dijiste que no lo hiciera, que no gastara en un viaje de un sólo día, que para colmo estaba lloviendo, ¿qué iban a hacer? A ella no le importó, dijo que la necesitabas y que quería estar con vos. Te entibió el corazón, te arropó, te amó.
Pero no fue la única que te cuidó, cuando tuvo que irse por unas horas le dejó la posta a Talita para que te animara. Ella te aconsejó y dijo que les dieras tiempo, aunque también te felicitó por habérselos dicho tan rápido. Te dedicó un post y una canción que te hicieron llorar aún más. Te pasaste casi todo ese sábado gris y lluvioso llorando.
Al día siguiente te levantaste y lo único que les dijiste a tus viejos fue que no comías y que salías. Agarraste el piloto y bajo la lluvia te fuiste a buscar a Si. Fue increíble, pero con sólo verla te sentiste mejor. Dos segundos antes, si te soplaban, llorabas. Al tenerla con vos, toda la tristeza y la angustia desaparecieron. Se abrazaron, vos sonriente y ella apenada. Llovía a cántaros, pero para vos había salido el sol.
No habían pasado ni 15 días desde que te pusiste de novia con Si cuando decidiste que se lo ibas a decir a tus viejos. Desde el principio le comentaste a ella que no ibas a dejar pasar mucho tiempo porque no querías mentirles o que pensaran que se lo habías ocultado. Siempre tuvieron una excelente relación, jamás les mentiste (nada importante por lo menos) y no ibas a empezar ahora. Te sentías tironeada. Ella quería que viajes y vos querías viajar. Pero ¿cómo justificabas otro viaje tan rápido? El problema era que estabas sin trabajo, si no, no tenías que dar explicaciones de cómo gastabas tu plata. Pero principalmente, no querías mentir. Hoy era el día. El sol se estaba ocultando y era el momento justo en que no es de noche ni de día. Empezaste a dar vueltas por la pieza tomando aire y buscando en tu cabeza las palabras necesarias, aunque sabías que llegado el momento saldría de cualquier forma. El corazón te latía a mil, tenías las manos frías, húmedas y temblorosas. Estabas hiperventilando. Bajaste la escalera. Tu madre estaba haciendo algo en la compu. La luz estaba apagada. Estaban solas, tu viejo, tu hermana y tu hermano estaban en la cancha. Era ahora o nunca...te paraste detrás de ella, abriste la boca y...te diste media vuelta y te fuiste al baño. Te sentaste en el sillón, ella te sonrió débilmente y volvió a mirar la pantalla. Te frotaste las manos y tomaste aire. Estabas asustada. Pero no ibas a retroceder ahora, ¿no? Estabas a un paso, mejor hacerlo de una y listo, ¿para qué seguir con la agonía? "Mami, ¿podemos hablar?" Te miró con sorpresa. Nunca le había pedido hablar, jamás. Te dijo que sí, cerró IE sin dudar y se giró hacia vos. "Vení, vamos al patio", le pediste. Qué estúpida, qué diferencia hace el lugar? ¡Dejá de buscar tiempo, cobarde! Ibas caminando vos adelante cuando la escuchaste preguntar: "¿De cuántos meses estás?" No sabías si reír o llorar. Alcanzaste a esbozar una sonrisa y le dijiste: "No, no es eso". Se sentaron frente a frente. La miraste, abriste la boca..."Ehhh...lo que pasa es que me enamoré...de una mujer". Viste como se puso blanca, se le "cayó" la cara. "Ay, Erica, ¿qué hiciste? ¿Y ahora qué hacemos?" Le dijiste que nada, que estabas bien, muy enamorada, que ella era muy buena...y que la conocía, era Si. Estuvieron hablando durante un largo rato. En realidad vos eras la que hablaba atropelladamente y ella cada tanto te preguntaba algo. "Sos mi hija y te quiero, eso no cambia", declaró. Pero en algún lugar de tu inconsciente notabas que estaba shockeada porque tenía la mirada perdida. "¿Cómo se lo vamos a decir a tu papá? Con esto lo matás". Le dijiste que se lo dijeran cuando ella lo creyera conveniente, si quería esperar, esperaban. Cobarde, eso estás deseando. Te dijo que no sabía. Se dijeron una o dos cosas más y te encerraste en tu habitación. Le mandaste un mensaje a Si: "Se lo dije a mi vieja. Creo que todo bien". Casi en seguida sonó Fly me to the moon. "¡Qué hiciste, sos una kamikaze!" fue lo primero que te dijo cuando atendiste. Le repetiste que se lo había tomado bien, que la verdad te habías sorprendido de lo tranquilo que fue todo, claro que todavía faltaba tu viejo. Seguro que apenas llegara te lo mandaba. La conocías, y no se iba a aguantar. Sí te reprochó que se lo dijeras justo el día que ella tenía un cumpleaños, pero le aseguraste que todo estaba bien. Estuvieron charlando un rato y después se despidieron. Te quedaste en la pieza boludeando con la pc y muy contenta por cómo salieron las cosas. Cuando escuchaste la puerta de calle te intranquilizarte un poco. Varios mensajes con Si fueron y vinieron en el ínterin. Tiempo después, golpearon a la puerta de tu pieza. Era tu papá con tu mamá tras él. "Me dijo tu mamá que querés hablar conmigo". Mierrrda. Creés que se lo dijiste muy parecido a como te salió con tu vieja. Ver cómo se le transformaba la cara y palidecía te dolió porque sabías que lo estabas lastimando. Cuando se lo dijiste a tu mamá no tuviste tiempo de fijarte en eso, estabas demasiado ocupada hablando hasta por los codos. Pero ahora sí lo notaste y no pudiste evitar sentir dolor por su dolor. Se le llenaron los ojos de lágrimas y meneaba la cabeza. No dijo nada en un buen rato. Sólo te miraba como si no te reconociera. Después de un tiempo te preguntó: "¿es la piba que vino a casa?" le dijiste que sí. "¿Te acostaste con esa mujer?" ¡Por dios! No puedo creer que esta altura de mi vida tenga que responder esa pregunta. Esto no me está pasando... ¡Tierra, tragame! "Sí". volvió a menear la cabeza. Un rato después dijo: "Yo sabía que esto iba a pasar, estabas mucho rato sola, leés demasiado y no salís lo suficiente..." ¿Y eso qué tiene que ver? Volvió a quedarse en silencio. La miró a tu madre, como buscando alguna explicación. Ambos se miraban indefensos, buscando respuestas o culpas. Varias veces dijeron que te querían, que era su hija y eso no iba a cambiar, que los había matado y varias cosas más que en este momento ya no recordás. Por tu parte, les aclaraste que no esperabas ni querías que cambien su forma de pensar, que sabías lo que ellos opinaban del tema, pero que se lo querías decir porque no te gustaba mentirles. Al final se fueron. Le mandaste un mensaje a Si contándole que tu viejo ya estaba al tanto. Minutos después te llamó. Quería saber qué había pasado, qué dijo, cómo estabas vos. Te dijo que estaba contenta y orgullosa (o algo así). En un momento empezaste a oír una especie de quejido, como el aullido de un animal o algo así, pensaste que era un perro. Pero una idea se te cruzó por la mente y no pudiste apartarla... Le dijiste a Si que cortabas porque creías que tu viejo estaba teniendo una crisis de llanto, te despediste y bajaste. Lamentablemente no te equivocaste, era él. Estaba en la cama agarrándose la cabeza y aullando al cielo, tu vieja le pedía que se calme, tu hermano miraba en silencio sentado a los pies de la cama y tu hermana te preguntó "qué le pasaba a papi". Cuando te vio aulló un "no" seguido de un "qué hice mal" mientras miraba al cielo esperando respuesta. "Le dimos todo". Te pusiste a llorar y te fuiste al living donde tu madre buscaba un calmante: "si quieren me voy" le dijiste. "No, no. Somos una familia, ya lo va a superar", contestó abrazándote, tu hermana se sumó al abrazo llorando y pidiendo que dejaran de lagrimear. Volvieron al cuarto, le dieron la pastilla a tu padre, quien se fue al baño. En la pieza quedaron tu madre, tu hermano y vos. Él la miró a las dos desde los pies de la cama y haciendo gestos amanerados y afinando la voz dijo: "menos mal que no le conté lo mío, si no se corta las bolas". Las hizo reír a ambas. Vos entre risas y lágrimas le dijiste que era "un pelotudo". Tu viejo salió del baño más calmado, te abrazó y se acostó. Te fuiste a tu pieza, no sin antes repetirle a tu vieja que si querían, te ibas. Pero la respuesta de ella fue la misma. Si te llamó y le contaste la escena, te consoló, hablaron un rato y se despidieron. Instantes después tu hermana llamó a la puerta, entró, te abrazó y te preguntó si estabas bien. Qué sorpresas te da la vida, ¿no? De todas formas pensaste que no te fue tan mal con la confesión, podría haber sido peor. O eso creíste hasta el día siguiente...
La srta. Fiamma me ha dado un premio, el cual agradezco infinitamente. Ahora me toca a mí devolver el mismo. Se me complica elegir 10 porque no son tantos los que leo y además no quiero repetir premiados, así que si me falta...ya veré qué hago.
Estas son las instrucciones que deben seguir los nominados.
1. Colocar el logo en el blog.
2. Escoger a 10 blogs que demuestren gran actitud o para los que tienen un gran agradecimiento.
3. Publicar los enlaces de sus nominados.
4. Informarles de que recibieron este premio comentando en sus blogs.
5. Compartir el cariño, publicar el link de este post y la persona de quien se ha recibido este premio Y los ganadores son....
Te propongo, disfrutar de una mañana caminando de mi mano o una flor en tu ventana o que algún violín gitano nos regale con su voz
Te propongo, elegir la cartelera de algún cine continuado o tal vez mirar vidrieras te propongo cosas simples son las cosas de este amor
Yo no te propongo el sol, ni las estrellas tampoco yo te ofrezco un castillo de ilusión yo tengo para darte tan solo cosas buenas triviales y sencillas las cosas de este amor Te propongo, un amanecer cualquiera aferrada de mi brazo compartiendo una quimera te propongo simplemente
No sabía qué tema musical elegir para este post, pero cuando leí la letra de Crazy for you, no lo dudé.Leerla fue como oír mucho de lo que vos pensabas en ese momento y me decías con la mirada, esa que yo no me animaba a enfrentar. Considero que es la pieza exacta para este post.
El micro entró a Retiro. Cuando fue obvio en cuál plataforma iba a estacionar, comenzaste a buscarla con la mirada. En una (o varias) de sus maratónicas charlas, le dijiste en broma que mejor se mostraban una foto de cada una, porque "no vaya a ser cosa que te fueras con otra por error". Cuando terminaste de verla te advirtió: "Ahora no tenés excusa". Ahí estaba, algo recostada contra el vidrio exterior de la terminal. Tenía el pelo negro y largo, muy largo; llevaba puesta una remera roja; una pollera larga de color negro; ojotas del mismo color y uno de sus típicos bolsitos. Intentabas no pensar en nada. Se encendió el piloto automático que a veces se hacía cargo de la situación cuando te ganaban los nervios, el miedo o ambos. Había llegado la hora de la verdad. Estaban ante el tan temido y anhelado Machu Picchu. Se abrió la puerta y bajaste del micro. Te dirigiste hacia ella sin mirarla directamente, pero notaste que se enderezaba y daba unos pasos hacia vos. Se saludaron sin dudar con un beso en la mejilla. ¡Qué lindo perfume!, exclamó tu cerebro. Empezaron a caminar hacia la salida. Estabas nerviosa y te había atacado la timidez, pero como sólo estaban ustedes dos, no podías quedarte callada para observar y escuchar hasta entrar en confianza. Por eso la espiabas por el rabillo del ojo. Ella no despegaba la mirada del piso. El piloto automático puso en marcha el Plan B. Comenzaste a hablar de cualquier cosa sin parar. Le hiciste bromas y preguntas tontas. ¡Pero qué lindo perfume!, te gritaba el cerebro.Querías que te hable. Buscabas que te mire. Fue un segundo, pero lo conseguiste. ¡Qué hermosos ojos! Verdes, son verdes. Ya iban sentadas codo a codo al final del colectivo cuando ella comenzó a mirarte más seguido, aunque de forma fugaz. Tus sentidos desconectaron el piloto automático y tomaron el control. Cada vez que percibías su perfume, cerrabas los ojos mentalmente para aspirar con infinito placer e intentabas por todos los medios que sus ojos se cruzaran con los tuyos para deleitarte con ellos. Te habías vuelto adicta. A partir de ese preciso instante, tu nariz buscó su perfume en cada oportunidad. Tu cuerpo, siguiendo las órdenes del instinto, se acercaba a ella en todo momento. Fue peor cuando volviste a tu ciudad porque, como adicta que eras, lo buscabas sin cesar. Cualquier indicio de perfume disparaba las alarmas e instantáneamente tenías vívidos recuerdos suyos. Pero casi en seguida, el cerebro te informaba con pesar que no era su olor y que ella no estaba con vos. Al instante, un suspiro melancólico escapaba de tus labios. Sus ojos eran otra historia. Si al principio era ella la que no te miraba y vos la que buscaba su mirada, cuando te preguntó qué querías y vos; asustada, sin pensar y estúpidamente; te escudaste en la amistad, la situación se dio vuelta. No podías enfrentar lo que te decían, gritaban, susurraban y pedían sus ojos. ¿Sabes por qué? Porque su mirada te llegaba al alma cada vez que se encontraba con la tuya, porque hacía que el corazón te doliera de las ganas que te daba de abrazarla fuerte contra vos y decirle que te habías enamorado profunda y totalmente. Tontamente, creíste que cuando todo terminara nada iba a cambiar. Pero ya la noche anterior a irte, empezaste a sentir una pequeña molestia en la zona del tórax que con el correr de las horas se transformó en enorme. Notabas los pulmones contraídos y tenías la sensación de que te faltaba el aire. Pero había algo peor, esas terribles ganas de llorar. ¿Y por qué tenías tanta necesidad de estar cerca de ella, de sentirla? El tiempo que tuvieron que esperar en la terminal fue un suplicio. El sólo pensar en subir al micro te ahogaba. Para colmo no podías decirle lo que te pasaba, porque sino, ibas a tener que pensar y contarle la causa. Y eso estaba fuera de discusión. Despedirte de ella fue muy difícil. Se abrazaron. Le diste un beso suave en el cuello. Subiste al cole, te acomodaste y la buscaste en la plataforma. No alcanzabas a entender porqué tenías tantas ganas de llorar. Estás enamorada, estúpida. "¿Y cómo sé si es verdad?" Porque tenés unas ganas terribles de llorar, te duele el pecho y casi no podés respirar. Además, nunca sentiste todo esto por despedirte de una amiga, ¿no? "Pero podría ser otra cosa, ¿cómo puedo estar segura? ¿Y si me equivoco?" No te equivocás. No estaba. Se había ido sin esperar a que pudieras verla, sin que pudieras despedirte. A la maraña de emociones que te invadían se sumaron el enojo y el dolor, pero también el entendimiento. Totalmente confundida y shockeada, le mandaste un mensaje: "Te fuiste!?". Al mismo tiempo recibiste uno de ella: "Chau linda! Buen viaje. Un beso". Cuando por fin conseguiste aplacar un poco la conmoción mental, física y sentimental, te pusiste a revivir esos días. Volvías a casa, pero tenías la sensación de que ahora tu corazón estaba en otro lado. Por suerte, fuiste lo suficientemente inteligente como para dejarle migas en el camino (y avisarle), y ella tuvo la paciencia y el amor de recogerlas.
Una amiga escribió: "...llegar a la meta no es lo más importante, lo importante es disfrutar, saborear y sufrir el camino. MachuPicchu es una utopía, nunca se llega, siempre va a haber otro viaje que emprender..." * Alcanzar la meta no es una utopía, es posible. Lo que hay que hacer una vez que se alcanza, es poner una nueva. Nosotras llegamos al Machu Picchu, ahora vayamos por otro. Disfrutemos el camino, suframoslo, saboreemoslo, hagamos a un lado las piedras y pidamosnos ayuda sin miedo. Alcancemos esa segunda meta y vayamos por otra y otra y otra y... Te amo. Y espero, dentro de 50 años, estar a tu lado para alcanzarte el bastón y que vos estés al lado mío para ayudarme a buscar la dentadura postiza (que perdí la noche anterior).
I try to discover A little something to make me sweeter Oh baby refrain from breaking my heart I'm so in love with you I'll be forever blue That yo give me no reason Why you're making me work so hard
That you give me no That you give me no That you give me no That you give me no
Soul, i hear you calling Oh baby please give a little respect to me
And if i should falter Would you open your arms out to me We can make love not war And live at peace in our hearts I'm so in love with you I'll be forever blue What religion or reason Could drive a man to forsake his lover
Don't you tell me no Don't you tell me no Don't you tell me no Don't you tell me no
Soul, i hear you calling Oh baby please give a little respect to me
I'm so in love with you I'll be forever blue That you give me no reason You know you're making me work so hard
That you give me no That you give me no That you give me no That you give me no
Soul, i hear you calling Oh baby please give a little respect to me
Soul, i hear you calling Oh baby please give a little respect to me