lunes, 27 de abril de 2009

...And they lived happily...

No sabía qué tema musical elegir para este post, pero cuando leí la letra de Crazy for you, no lo dudé. Leerla fue como oír mucho de lo que vos pensabas en ese momento y me decías con la mirada, esa que yo no me animaba a enfrentar. Considero que es la pieza exacta para este post.



El micro entró a Retiro. Cuando fue obvio en cuál plataforma iba a estacionar, comenzaste a buscarla con la mirada. En una (o varias) de sus maratónicas charlas, le dijiste en broma que mejor se mostraban una foto de cada una, porque "no vaya a ser cosa que te fueras con otra por error". Cuando terminaste de verla te advirtió: "Ahora no tenés excusa".
Ahí estaba, algo recostada contra el vidrio exterior de la terminal. Tenía el pelo negro y largo, muy largo; llevaba puesta una remera roja; una pollera larga de color negro; ojotas del mismo color y uno de sus típicos bolsitos. Intentabas no pensar en nada. Se encendió el piloto automático que a veces se hacía cargo de la situación cuando te ganaban los nervios, el miedo o ambos. Había llegado la hora de la verdad. Estaban ante el tan temido y anhelado Machu Picchu.
Se abrió la puerta y bajaste del micro. Te dirigiste hacia ella sin mirarla directamente, pero notaste que se enderezaba y daba unos pasos hacia vos. Se saludaron sin dudar con un beso en la mejilla. ¡Qué lindo perfume!, exclamó tu cerebro. Empezaron a caminar hacia la salida.
Estabas nerviosa y te había atacado la timidez, pero como sólo estaban ustedes dos, no podías quedarte callada para observar y escuchar hasta entrar en confianza. Por eso la espiabas por el rabillo del ojo. Ella no despegaba la mirada del piso. El piloto automático puso en marcha el Plan B. Comenzaste a hablar de cualquier cosa sin parar. Le hiciste bromas y preguntas tontas. ¡Pero qué lindo perfume!, te gritaba el cerebro. Querías que te hable. Buscabas que te mire.
Fue un segundo, pero lo conseguiste. ¡Qué hermosos ojos! Verdes, son verdes. Ya iban sentadas codo a codo al final del colectivo cuando ella comenzó a mirarte más seguido, aunque de forma fugaz. Tus sentidos desconectaron el piloto automático y tomaron el control. Cada vez que percibías su perfume, cerrabas los ojos mentalmente para aspirar con infinito placer e intentabas por todos los medios que sus ojos se cruzaran con los tuyos para deleitarte con ellos. Te habías vuelto adicta.
A partir de ese preciso instante, tu nariz buscó su perfume en cada oportunidad. Tu cuerpo, siguiendo las órdenes del instinto, se acercaba a ella en todo momento. Fue peor cuando volviste a tu ciudad porque, como adicta que eras, lo buscabas sin cesar. Cualquier indicio de perfume disparaba las alarmas e instantáneamente tenías vívidos recuerdos suyos. Pero casi en seguida, el cerebro te informaba con pesar que no era su olor y que ella no estaba con vos. Al instante, un suspiro melancólico escapaba de tus labios.
Sus ojos eran otra historia. Si al principio era ella la que no te miraba y vos la que buscaba su mirada, cuando te preguntó qué querías y vos; asustada, sin pensar y estúpidamente; te escudaste en la amistad,
la situación se dio vuelta. No podías enfrentar lo que te decían, gritaban, susurraban y pedían sus ojos. ¿Sabes por qué? Porque su mirada te llegaba al alma cada vez que se encontraba con la tuya, porque hacía que el corazón te doliera de las ganas que te daba de abrazarla fuerte contra vos y decirle que te habías enamorado profunda y totalmente.
Tontamente, creíste que cuando todo terminara nada iba a cambiar. Pero ya la noche anterior a irte, empezaste a sentir una pequeña molestia en la zona del tórax que con el correr de las horas se transformó en enorme. Notabas los pulmones contraídos y tenías la sensación de que te faltaba el aire.
Pero había algo peor, esas terribles ganas de llorar. ¿Y por qué tenías tanta necesidad de estar cerca de ella, de sentirla?
El tiempo que tuvieron que esperar en la terminal fue un suplicio. El sólo pensar en subir al micro te ahogaba. Para colmo no podías decirle lo que te pasaba, porque sino, ibas a tener que pensar y contarle la causa. Y eso estaba fuera de discusión. Despedirte de ella fue muy difícil. Se abrazaron. Le diste un beso suave en el cuello. Subiste al cole, te acomodaste y la buscaste en la plataforma.
No alcanzabas a entender porqué tenías tantas ganas de llorar. Estás enamorada, estúpida. "¿Y cómo sé si es verdad?" Porque tenés unas ganas terribles de llorar, te duele el pecho y casi no podés respirar. Además, nunca sentiste todo esto por despedirte de una amiga, ¿no? "Pero podría ser otra cosa, ¿cómo puedo estar segura? ¿Y si me equivoco?" No te equivocás.
No estaba. Se había ido sin esperar a que pudieras verla, sin que pudieras despedirte. A la maraña de emociones que te invadían se sumaron el enojo y el dolor, pero también el entendimiento. Totalmente confundida y shockeada, le mandaste un mensaje: "Te fuiste!?". Al mismo tiempo recibiste uno de ella: "Chau linda! Buen viaje. Un beso". Cuando por fin conseguiste aplacar un poco la conmoción mental, física y sentimental, te pusiste a revivir esos días. Volvías a casa, pero tenías la sensación de que ahora tu corazón estaba en otro lado. Por suerte, fuiste lo suficientemente inteligente como para dejarle migas en el camino (y avisarle), y ella tuvo la paciencia y el amor de recogerlas.

Una amiga escribió: "...llegar a la meta no es lo más importante, lo importante es disfrutar, saborear y sufrir el camino. Machu Picchu es una utopía, nunca se llega, siempre va a haber otro viaje que emprender..." * Alcanzar la meta no es una utopía, es posible. Lo que hay que hacer una vez que se alcanza, es poner una nueva.
Nosotras llegamos al Machu Picchu, ahora vayamos por otro. Disfrutemos el camino, suframoslo, saboreemoslo, hagamos a un lado las piedras y pidamosnos ayuda sin miedo. Alcancemos esa segunda meta y vayamos por otra y otra y otra y...
Te amo. Y espero, dentro de 50 años, estar a tu lado para alcanzarte el bastón y que vos estés al lado mío para ayudarme a buscar la dentadura postiza (que perdí la noche anterior).

¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS AMOR!!!


Cero
* Extraído del blog Mujeres imposibles, el post se llama Urumbanda.

10 comentarios:

Artus Jorguín dijo...

Erica, puedo desearle Feliz cumple, tb.?

La historia, no sólo me encantó, también me hizo "vibrar". Felicidades para ambas.

Los perfumes de la persona amada, son lo más; te golpean en el plexo.

Bicos, Eri.
Bicos, ojos verdes.

Erica dijo...

Por supuesto!

Ambas te agradecen :P

Totalmente de acuerdo!



Besos, Artus.

talita dijo...

feliz cumpleaños.
que la suya sea un relación plagadas de Machus Pichus.
salutes

Erica dijo...

'Chas gracias



Besos

the teary-eyed dijo...

He llegado un poco (muy) tarde, pero está hermoso este post!! Me ha conmovido!!

saludos!

Erica dijo...

Nunca es tarde y menos en un blog!!

Muchas gracias por el halago!


Besos!

the teary-eyed dijo...

Para eso estamos los lectores jaja...
Todavía sigo pensando en lo que escribió.. no se me va de la cabeza.. qué manera tan especial de relatar... wow..

Erica dijo...

Bueno, gracias. Y basta, que me da verguenza.

Carlos Gustavo dijo...

***BORRAR DESPUÉS DE LEER***
Re-dulce!
El tema es dónde perdés la dentadura ;-)

Erica dijo...

***No pienso borrarlo, es muy divertido***
Viste! soy re-dulce!
jajajajajaja *caritasilbando* [muy perceptivo ;)] estuviste muuuuy cerca :P